19 sept. 2011

Relatoría 4 de Agosto/2011



UNIVERSIDAD PEDAGÓGICA NACIONAL
FACULTAD DE EDUCACIÓN
LIC. EDUCACIÓN COMUNITARIA-DDHH
DDHH EN COLOMBIA
NATHALIA FONSECA GONZÁLEZ                     2011153014

Relatoría Clase Derechos Humanos en Colombia
Jueves 4 de Agosto de 2011

Durante la clase de Derechos Humanos en Colombia llevada a cabo el pasado jueves 4 de Agosto pudimos participar en una diversidad de momentos que contribuyeron al buen desarrollo de nuestra sesión. En un primer momento, el profesor Helberth Choachí hizo una pequeña introducción a los contenidos de la asignatura que profundizaremos a lo largo del semestre, pero que serán precisados y ampliados durante la presentación del programa.

Por otro lado, el profesor propuso un interesante ejercicio para realizar la presentación de quienes integramos éste curso. Por grupos discutimos acerca de nosotros y nosotras mismas y resultó interesante porque pudimos conocer muchos aspectos que quizá solo habían sido compartidos con las y los más cercanos. A través de éste espacio conocimos más de nuestras vidas, intereses y proyectos, los cuales en parte, nos han forjado una idea del trabajo comunitario.

Como otra parte del ejercicio anteriormente mencionado, los grupos debían discutir  acerca de lo que consideraban ser los tres principales problemas de nuestro país. Al hacer la exposición sobre éste tópico, las propuestas fueron múltiples y variadas y entre ellas se destacaron: La guerra o el conflicto armado y social, el modelo económico, el irrespeto a los derechos humanos, la minería y el tema ambiental, la militarización de la vida, la inequidad, la poca inversión social, entre otros.

Al intentar redondear sobre la problemática real del país, muchos apuntábamos nuestra atención sobre el conflicto armado y social. Sin embargo, se menciona la consideración sobre la diferencia entre las causas, las manifestaciones y el problema o problemas centrales, y a partir de allí, la reflexión nuevamente se sitúa y se proponen la desigualdad y el modelo económico de capital como las dificultades más representativas. Nuestro debate debe interrumpirse (sin que ello signifique que se haya dado por terminada) para dar paso al siguiente momento: la presentación de nuestros compañeros de Nariño.

Para esta interesante e importante parte de nuestra sesión contamos con la participación de Mario Quesada, integrante de la Red de Justicia Comunitaria y Tratamiento del Conflicto[1], Jesús y Yesid Valdéz, William Ortega y Fabio Castrillón  habitantes de diferentes municipios de Nariño, y que se han articulado al proyecto que se lleva a cabo en la región de La cordillera. Durante éste espacio tuvimos la oportunidad de presenciar un verdadero ejercicio de recuperación de la memoria por parte de estas personas, y ello contribuyó a dar una mirada más amplia al tema que hasta hace un rato nos ocupaba: las principales problemáticas del país.

En primer lugar, Mario nos expone de manera general algunos de los aspectos más relevantes dentro del contexto nariñense, caracterizado por ser un territorio de alto crecimiento guerrillero y paramilitar, lo cual sin duda, acarrea serios problemas para el bienestar y buen “desarrollo” (Si se me permite el uso de ésta palabra) de las comunidades que allí habitan. Poniendo de presente también los serios problemas asociados con la explotación minera de multinacionales, los cultivos ilícitos y el recurso del agua. Nuestro expositor hace un fuerte hincapié en el artículo que Alfredo Molano Bravo publicó en el periódico El Espectador hace algunos meses titulado “El Macizo Colombiano”, en el cual de manera muy ordenada profundiza en las temáticas antes mencionadas.

“Chucho” inicia su intervención haciendo un aporte a nuestro debate, afirmando que el principal problema de nuestro país son los intereses que movilizan las decisiones políticas en los diferentes niveles sociales. Acto seguido, Chucho relata la historia de su región, y de cómo ésta ha sido devastada junto con sus habitantes a partir de diferentes acontecimientos que se entrecruzan como la crisis cafetera, las migraciones e inmigraciones, las diferentes formas de atemorización y exterminio de líderes e iniciativas sociales, etc.

Como cuenta Chucho,  el auge o la cultura de la coca no es un problema del narcotráfico, sino de supervivencia campesina, es decir, una respuesta a la precariedad en las condiciones de vida de éste grupo poblacional, producto de la poca inversión social, sobre todo en las áreas de vías y educación. No obstante, esta cultura de la coca trae consigo también una cultura de violencia y explotación, marcada por la invisibilización de los medios y la consecuente indiferencia social. Con respecto a ello, William Ortega cuestiona la forma en que son mirados los lugares lejanos azotados por la violencia y la influencia que ejercen allí los medios.

Las masacres ejecutadas por miembros de grupos paramilitares e incluso militares, genera en la población la pérdida de credibilidad en los aparatos estatales y peor aún, sentimientos de impotencia y miedo, que según Fabio C. desembocan en la cultura del silencio ante las posibles amenazas contra la vida. Para Yesid, recordar la masacre es un proceso doloroso que se evidencia en su relato, en especial por el asesinato de un joven de 15 años que nos recuerda la crudeza de la estrategia en la guerra.

Pero como no todo es dolor, sufrimiento y desesperanza y siguiendo a nuestro compañero Mario, “es necesario rescatar lo bueno”. Y lo bueno surge del trabajo comunitario y de unidad de los líderes y habitantes de este sector, que como Chucho afirma, fue el resultado de una “decisión valiente” frente al territorio. Una de las principales muestras de ésta valiosa  decisión es lo que han denominado la “Minga Cultural por la vida”, en la que confluyen una serie de propuestas culturales, educativas y de trabajo comunitario.

Las mingas culturales por la vida son descritas por nuestros expositores como procesos de resistencia, defensa y recuperación del territorio, y más allá, es posible reconocer en el relato de Chucho, una voz de esperanza y de amor que manan de ésta experiencia; ser capaces de dar nuevos colores a los rayados muros es también una forma de recuperar la alegría y la vida misma. Ésta iniciativa es sólo una parte del avanzado proceso que se desarrolla de la mano de la red, ya que también se adelanta un espacio de formación en derechos humanos para jóvenes que parece ser muy sólido.

Finalmente durante sus intervenciones, nuestros compañeros de Nariño alientan nuestra formación como un proceso ético y responsable, comprometido con las iniciativas académicas de pensamiento, reflexión  pero que trasciendan el campo del discurso para fortalecer la acción. Al fin y al cabo, es necesario que estos espacios se den para poder construir verdaderas iniciativas de justicia, paz y convivencia.

Al final de nuestra nutrida clase, es preciso dialogar acerca de los acuerdos mínimos en el desarrollo de la asignatura entre los cuales definimos que el inicio de la clase será a las 7:30 am; tendremos un descanso desde las 9:15 hasta las 9:30 am y finalizaremos sesión a las 11:00 am. De igual manera, el profesor Helberth recordó que es necesario el ejercicio riguroso de las cortas lecturas que asignará para cada jueves, ya que de ello depende el ameno desarrollo de las sesiones. En cuanto a porcentajes y criterios de evaluación, el planteamiento es que sean definidos durante la siguiente sesión, de acuerdo con dos espacios grandes de trabajo:

1.       El trabajo en grupos en torno al un estudio de caso referente a un tema específico que se presentará ante el curso en tres fechas:
a.      Septiembre 8
b.      Octubre 6
c.       Noviembre 13
2.       Una evaluación teórico-práctica


[1] “La Red de Justicia Comunitaria y tratamiento del conflicto (RJCTC) es una confluencia de organizaciones indígenas, afro-colombianas, cívicas, mujeres, ONG’s actores académicos de Colombia que trabajan por la paz con justicia social a través del tratamiento y transformación integral de los conflictos, la promoción y desarrollo de la justicia comunitaria y la articulación de organizaciones comunitarias y populares” (Red de Justicia Comunitaria y Tratamiento del Conflicto)

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